El amor "amor"

El sistema socioeconómico en el que vivimos organiza la reproducción mediante el establecimiento de familias nucleares. Dichas familias conforman una unidad económica y sexual que se encarga de su propia manutención y la de los hijos que procrean. Las condiciones inhumanas a las que el sistema somete a estas familias, sobre todo si llegan a tener hijos, produce un rechazo generalizado a su formación, especialmente por parte de los varones, que disponen de mayor autonomía económica previa, encuentran su nivel de vida más deteriorado por la formación de la familia y están, además, menos expuestos al márketin complementario de la parentalidad. Para contrarrestar este rechazo, el sistema genera todo un subsistema ideológico de márketin de la pareja mediante el que se procura convencer de que ésta proporciona extraordinarias compensaciones sentimentales subjetivas. Ese subsistema ideológico es el amor.

El amor, por lo tanto, desde el punto de vista sociológico, es un subsistema ideológico que dimana del sistema socioeconómico, y cuya función es sacrificar a los individuos, en favor de la reproducción social (que no coincide con la de la especie), a través de la formación de pozos existenciales llamados “familias”.

Es curioso constatar que el único argumento verdaderamente sólido a favor del amor, sólo esgrimido por opiniones netamente conservadoras, es que sin él no se formarían familias. Cuando la formación de una familia es el sentido de la vida y un bien definitivo en sí mismo, el amor adquiere su sentido último y verdadero. En tanto que se rechace la necesidad de que el individuo sea engañado para ser esclavizado mediante su subsunción a la unidad familiar, el amor pierde su función y debe ser rechazado con ella.

Desde el punto de vista de la experiencia individual, como se ha explicado ya, el amor consiste en un guión ciego, es decir, un compuesto heterogéneo de elementos que dan como resultado el seguimiento de una historia prescrita cuyo protagonista interpreta engañado, guiado por pautas distintas a las originales, escritas por el discurso que el amor ofrece sobre sí mismo, y que siempre le resultarán esquivas, hasta el cumplimiento de su función reproductora. Una vez realizada esta función, el guión termina abruptamente y el individuo queda vacío de sentido, fuera del mundo del amor, desechado por él, y acabado para la socialización sexosentimental.

Al descubrir la función social del amor comprendemos esa experiencia individual, y rechazamos al amor también desde esa perspectiva, desde esa definición de guión ciego enajenante, así como desde aquella que lo hacía presentarse a sí mismo como la forma natural de realización personal y el máximo bien moral.

Éste es, de modo muy resumido, el verdadero significado del término “amor” en nuestra cultura, y es éste amor el que la agamia rechaza. Pero debe entenderse la relación de subordinación que el resto de los “amores” mantienen con este amor central y sustancial. Tanto los amores de pareja no tradicional, como los amores afectivos familiares (especialmente los m/paternofiliales) o los amores espirituales, beben de la fuente irracionalista del amor formador de pareja, y utilizan el recurso de la exaltación afectiva para ocultar el sometimiento a una cultura sentimental enajenante.

Por eso, el rechazo del amor es el rechazo de todos los amores. La mejor estrategia es no dividir al amor, de modo que sea más sencillo eliminarlo por completo. Reformar al amor es, por el contrario, una operación muy poco práctica, pues requiere de una trabajosísima cirugía cuyo producto pierde claridad y queda a expensas de reincidir en su contaminación. Además, ¿para qué?

Para disfrutar del mejor argumento en favor de su abandono, debe entenderse que el amor es el producto creado para esta fase de la reproducción social; que es su razón de ser; que es su sustancia. No hay forma de salvar el amor sin separarlo de su sustancia, es decir, sin convertirlo en otra cosa que ya no sería amor. Por esta razón, la crítica a un tipo de amor se transforma en rechazo al amor, sin intento alguno de corregir, enmendar o rehacer al amor en un amor mejor.

Mejor que cualquier mejora al amor es el no amor.