Objeción de género

Para ello, la agamia utiliza la herramienta de la “objeción de género”. La objeción de género es la implicación en la progresiva eliminación de los expresiones culturales del género en la medida en que se descubran y sean propopuestos mecanismos para dicha eliminación. La “objeción de género” es la autodesignación como individuo en busca de la reducción paulatina de su condición de individuo con género, en la confianza de que la desaparición de los comportamientos que producen el género reduce su magnitud social de manera efectiva.

Para hacer efectiva la máxima reducción de la presencia del género, tanto en la psique del individuo como en su entorno social, la “objeción de género” niega la diferencia de género en todas sus formas. La perfecta, ideal objeción de género, es la desaparición completa de los actos diferenciados, en pos del objetivo de la disolución de la categoría del género. La disolución del género lo equipara idealmente con otras categorías, como la raza, cuya relevancia para diferenciar personas se ha reducido notablemente a partir de la generalización de su condena como excusa justificada para la discriminación y, con ella, su consistencia y relevancia como categoría misma.

Es necesario recordar que, en cualquier caso, es difícil encontrar la categoría discriminatoria que haya llegado a una desaparición total, y que las circunstancias proclives a generar discriminación lo son también a la recuperación de la importancia de estas categoría. También es necesario tener en cuenta que el género presenta la característica particularísima de ser una discriminación que ha acompañado al ser humano a lo largo de toda su historia, y que no se conoce antecedente de la eliminación de la categoría de género. Eliminar el género, por lo tanto, sólo puede inspirarse en la eliminación de otras categorías, pero tendrá siempre un carácter pionero que hará difícilmente previsible su evolución.

La objeción de género, que es un acto eminentemente social y público, tiene su correlato erótico en la eliminación de la orientación erótica de género. Lxs agamxs no son homos, heteros, bis, o as. El concepto de antrosexualidad estaría próximo a la ausencia de orientación sexual ágama, con la diferencia de que la antrosexualidad se orienta hacia el otro, mientras que la agamia no “orienta” su sexualidad, sino que la designifica para transformarla en erotismo.

Huelga decir que la superación de los condicionantes de género (y de otros muchos, también opuestos ideológicamente a la agamia) requiere de algo más que de una convicción o una decisión. Como es lógico, los obstáculos psíquicos, internos, requieren, como los sociales, externos, de un trabajo para su superación, que exime por completo de la estúpida premisa de seguir al pie de la letra el propio ideal de conducta. Actuar según el deber es hacerlo según los principios y en pos de los ideales, no según los ideales como si éstos hubieran sido ya alcanzados. Los medios (el enfrentamiento a los obstáculos) forman parte de los fines (la actuación según los ideales) y, si no se conocen aquéllos, no puede saberse si, en cada actuación concreta, merecen la pena éstos.